Una de las últimas disquisiciones filosóficas a la que nos hemos visto abocados últimamente ha sido la disputa entre los que cogen el móvil que suena, aunque no sea el suyo, y los que no.
Manolo y yo cogemos el móvil de nuestros respectivos compañeros de fatigas si ellos están haciendo algo que se lo impide (ducharse, por ejemplo). Jos y Lidia, por el contrario, no cogen nuestros móviles así los maten.
Y es que hay dos clases de personas: están los que cogen el móvil del otro y los que no. Y que conste que ni Manolo ni yo cogemos un móvil que no sea nuestro por cotillear, ¿eh? Que quede claro por si acaso.

Pero, ¿qué demonios...?